Confección de trajes sacros: un oficio del ‘realismo mágico’

En el mundo posmoderno parecería que todo rastro de fantasía quedó relegado a tiempos inmemorables y nuestro tiempo quedó resumido en aparatos tecnológicos que controlan lo que nos rodea; sin embargo, quedan lugares que siguen siendo los mismo. A pesar de que cambian los rostros que los frecuentan, siempre habrá alguien que logra mantener vivo aquellos oficios. La calle Rocafuerte, en el Centro Histórico de Quito, es uno de estos lugares donde la realidad y lo mágico se cruzan en pequeños almacenes en los que se confeccionan trajes para vírgenes María y niños Jesús.

La tradición de vestir imágenes religiosas provino del mundo ibérico cuando se cristianizó América. Mientras tanto, en la Real Audiencia de Quito, la Escuela Quiteña era reconocida por su calidad como la cuna del arte en el continente, así lo señala José Gabriel Navarro en su libro Contribuciones a la Historia del Arte del Ecuador, pues Quito fue donde grandes escultores y pintores desarrollaron sus habilidades artísticas, ningún otro país de la región tuvo un proceso artístico similar a Quito, a excepción de México.

 

 

Entre santos y trajes de terciopelo

Inicio mi recorrido en el taller de Amalia Ortiz, modista y propietaria de un pequeño local de ropa para santos. Ella me comenta que en la actualidad muchos devotos del Niño Jesús la contratan para confeccionar trajes para sus esculturas. “Algunos clientes traen telas de España, Londres o EEUU, otros gastan entre USD 250 y 400 para homenajear cada año al niño”. Las telas con las que trabaja generalmente son seda, terciopelos, con lentejuelas, sin contar que la vestimenta del “niñito” puede requerir ser pintada a mano y bordada.

Mi siguiente parada es el taller de María Luisa González. Ella me confiesa que confeccionar trajes es una cosa de locos, pues desde el primer día del año se cosen nuevos y antiguos modelos para venderlos en las épocas de mayor demanda (de julio a agosto y de noviembre a febrero). Sin embargo, lo más difícil de este proceso, es crear nuevos diseños porque “el ‘niñito’ le indica a mi marido los modelos en sueños o al momento del corte”. En este local se confeccionan 160 modelos por talla y diseño durante todo el año.

Los trajes del Divino Niño también se realizan dependiendo de la profesión, los más solicitados son los de militar, bombero, marino y policía. Otras vestimentas que son muy solicitadas son el atuendo de trabajo, que consta de un overol y el de mariachi, que viene con sombrero mexicano y traje con lentejuelas.

María Luisa me comenta que sus clientes siempre regresan por un traje nuevo para su niño Jesús, porque cuando no se lo ha cuidado pueden suceder desgracias. Cierto día, relata María Luisa, el albañil se cortó el brazo, superficialmente, con la amoladora, poco tiempo después, su familia se dio cuenta que la escultura que tenían en casa de Jesús había sufrido el mismo corte, en el mismo lugar que su dueño. Otra de sus clientas regresa todos los años a este local para comprarle zapatos a su “niñito” porque al final del año siempre están gastados, como si la imagen hubiese caminado.

Los vestidos y capas también tienen una buena acogida, gracias al fuerte fervor de los capitalinos a las vírgenes y su poder de conceder milagros. Una de las más homenajeada es “la Churona” que cumple deseos siempre que el dueño no dude de su fe. En cambio, dice María Luisa “la virgen del Quinche es castigadora, si le ofrece una ofrenda y no le cumple le pasa algo”. Se cree que el escapulario de la Virgen del Carmen es el pasaporte al cielo, si muere el primer sábado de junio junto al rosario es seguro que su alma habrá recibido la absolución. La confección de estos trajes son laboriosos por lo que hacer estos ropajes toman alrededor de tres días.

Lo que no cabe duda es que este oficio tiene toques mágicos terrenales que  se fusionan para dar paso a uno de los oficios más singulares de Quito.

 

Texto y fotos: Liz Briceño

Para palpar
Sentir las diferentes texturas de los trajes

Para Mirar
Apreciar cómo se cose los trajes de los santos.

oler
Sentir el fervor y la fe de los creyentes que acuden a comprar ropa para sus esculturas.


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