Escape a la cascada de La Piragua – Nanegal

Estamos en Nanegalito, a un lado de la carretera, en un restaurante rústico, nos espera Roberto y su familia. Preparan rápidamente bolón (pastel de plátano verde) con café y jugo de naranja. El plato humeante y el crocante del primer bocado nos deleitan. La primera señal de que hoy será un gran día.

Regresamos al bus y continuamos el viaje. El sol ya se pinta en el cielo, su reflejo ilumina el paisaje: verde esmeralda con algunos toques de color entre el recorrido boscoso. Pasamos por Nanegalito y bajamos aún más la cordillera. El aire húmedo se arrima por las ventanas, estamos próximos a las aguas frescas de la cascada de la Piragua.

Nuestro guía, Sebastián, se baja para asegurar los últimos detalles de la logística, y entonces el grupo se incorpora. Con coloridos trajes de baño y cómodas zapatillas, todos caminamos hacia la cascada, ansiosos por llegar. Entre árboles frondosos y exóticas plantas, la cascada de la Piragua en Nanegal nos recibe a 1300 metros sobre el nivel del mar.

Risas, fotos, chapuzones. Es un domingo para cargar energías lejos de la rutina diaria, en una parroquia rural, a 1 hora y 20 minutos de la urbe. Nos bañamos en la cascada de agua fría-que se forma de la caída del río Curunfo- nos refresca y recarga de energía, al salir saboreamos un delicioso jugo de caña fresca con mucho limón en el puesto de don Marcelo. Los más valientes le ponen una dosis de “piraguazo” o puntas (licor de caña) para abrigarse. También se puede degustar un delicioso ceviche de palmito con maíz tostado y canguil, típico del noroccidente de Quito.
Retomamos la ruta para llegar a la “Casa Rumisitana” donde nos dan la bienvenida. El olor de la comida casera nos tiene atentos y antes de sentarnos a la mesa, damos un recorrido por la propiedad y su huerto orgánico. Conversamos con los viajeros, dos hermanas me cuentan que siempre aprovechan estos paseos para conocer más de Quito, lo que más disfrutan son las leyendas y paisajes.

La montaña Santa Lucía se impone con fuerza ante nuestros ojos, con la vasta reserva Maquipucuna en sus faldas. Con este escenario de fondo, todos aprovechamos para tomar fotos. Es un paisaje único.
Finalmente, llega la hora de volver a la ciudad. Algunos de recuerdo, tomamos, del huerto, hojas de hierbaluisa para hacer, en casa, un agua aromática... Las gotas de lluvia marcan la autopista, aprovechamos esa música natural para dormir un poco y recordar los paisajes y experiencias de este domingo diferente.

Texto y Fotos: Karla León - Quito Turismo

Para Mirar
Admirar los hermosos paisajes de la reserva ecológica de Maquipucuna y la montaña Santa Lucía

Para palpar
Refrescante agua de la cascada de la Piragua, la misma que baja desde el Pichincha

Para escuchar
Perderse en el canto de las aves de la zona como las tangaras, trogones, yumbos

Para saborear
Probar productos de la zona como el delicioso jugo de caña con mucho limón


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