Tomando vuelo con las aves de Noroccidente

“Desde hace algunos meses está ahí. Le gusta, porque nadie le molesta tan alto” nos explicó Richard, mientras admirábamos el nido de un gallo de la peña. Se encontraba en la esquina de la ventana del baño, apoyado contra los ladrillos, lejos de cualquier depredador. “Esa casa no la usamos para huéspedes.” La gallina nos miraba recelosa desde su nido, protegiendo a su huevo. Tomamos algunas fotos rápidamente, evitando enojar a la madre, y continuamos con el recorrido.

Enseguida subimos por un pequeño sendero, tupido de árboles y plantas. La temperatura es templada, propio del bosque nublado. El camino estaba marcado por flores blancas con centro amarillo, las flores de la cascarilla. “Les decimos huevo frito” nos contó Richard y en efecto, eso es lo que parecían. Me detuve a captar algunas imágenes de nuestras compañeras de viaje, que estarían a nuestro lado toda la mañana.

De repente encontramos una ventana en medio de la vegetación densa y allí disfrutamos del paisaje de Tandayapa. Alex, mi compañero de viaje, aprovechó este descanso para imitar el canto de los yumbos, otra ave típica de la zona. Se llevó las manos a la boca, mientras de su garganta salía una melodía muy particular. Esperamos atentos y en silencio, mirando de un lado al otro, pero sin respuesta. Alex repitió el sonido y como por arte de magia, un yumbo se posó sobre la rama de un árbol de guarumo, muy cercano. El ave nos observó inquieta desde su rama. Alex repitió los sonidos nuevamente y empezó el diálogo, dos yumbos más se acercaron para participar del concierto y desde una parte inferior, el resto de espectadores lo admirábamos.

Motivados por este encuentro, decidimos ir en búsqueda de más aventuras en el interior del bosque. El camino se hacía más angosto, la humedad se sentía. De nuevo, la naturaleza nos deleitó con su música, un quetzal vigilaba nuestros pasos, mientras entonaba su serenata. No logramos verlo, seguro se sentía un poco tímido. Pero le agradecimos por alegrarnos con su canto.

Esta ruta que cubrimos, la visitan pajareros expertos de todo el mundo, que llegan al lugar en busca de especies endémicas. Madrugan muy temprano, tomando un desayuno ligero a las 4 de la mañana, y a las 6 inician el rito de observación aves.
Avanza la jornada y para la hora del almuerzo regresamos a las instalaciones de Tandayapa Lodge, donde nos reciben colibríes que no se despegan de sus bebederos de la terraza. El comedor de este lugar tiene una ventana enorme, frente a una rama que esconde pedacitos de fruta, anzuelo perfecto para admirar el espectáculo de los animales que vienen a deleitarse con la comida. De un momento a otro, fuimos ser testigos de un jugueteo entre un tucanete y una ardilla.

Richard, como trabajador de Tandayapa Lodge y Cristina Cervantes fueron los anfitriones quienes guiaron nuestro recorrido por las instalaciones. Luego de esta enriquecedora visita, tomamos rumbo hacia Quito.

Tandayapa es parte del corredor del oso de anteojos y del Camino de los Yumbos, es una zona importante para la observación de aves y de una nueva especie: el olinguito

Encuentra mas información sobre las aves de Quito en: http://aves.quito.com.ec

Texto: Karla León Fotos: Tropical Birding

Para Mirar
Admira la riqueza de las plantas que te acompañan a lo largo del camino

Para escuchar
Las diferentes melodías de las aves, son un concierto natural

Para percibir
Disfruta del refrescante y purificador aire del bosque húmedo


/ / / /